R. RIOJA

Fue titular ante el Sevilla en detrimento de Griezmann y marcó un golazo.Fue expulsado en el minuto 88 por decirle al árbitro que era muy malo.Su historia en el Barça tiene algunas luces pero muchas más sombras.

Dembélé

Ousmane Dembélé fue titular este domingo ante el Sevilla. Su inclusión en el once fue bastante sorprendente, dado que para ello Ernesto Valverde decidió sentar en el banquillo nada menos que a Antoine Griezmann, fichaje estrella de esta temporada y por el que se pagaron 120 millones de euros este verano.

Y la actuación del extremo galo fue perfecto reflejo de lo que han sido sus algo más de dos años vestido de azulgrana.

Por un lado, momentos de brillantez que dejan claro su tremendo talento con un gol de bandera para poner el 3-0 y sentenciar el partido; y por el otro, una desconexión mental que le costó la expulsión y, posiblemente, perderse el clásico ante el Real Madrid de dentro de dos jornadas.

"Eres muy malo" aseguró que le dijo el árbitro del partido, Mateu Lahoz, tanto a los jugadores culés que fueron a protestarle la tarjeta roja como en el acta. Lo normal es que el Comité de Competición lo interpreta como ‘menosprecio’ y que por lo tanto al galo le caigan dos partidos de sanción, lo que le haría no jugar ante los blancos en el Camp Nou el próximo 26 de octubre.

Dembélé llegó a cambio de 105 millones más variables (unos 130 en total) tras la marcha de Neymar, pero de momento el galo no ha podido triunfar en el Barça.

Luces

Un grandísimo talento. A Dembélé es imposible negarle la calidad que tiene. Cada vez que juega, lo demuestra. En demasiadas ocasiones elige mal qué hacer, pero ello lo suple con un gran talento que tiene como mejor virtud jugar igual de bien con la pierna derecha y con la izquierda. Ello le hace un jugador desconcertante y muy difícil de defender, pues puede salir por cualquiera de los dos lados (siempre como extremo) y con cualquiera de las dos piernas.

"Es mejor que Neymar". La frase es de Josep María Bartomeu, presidente del FC Barcelona. Y lo ha dicho no una, sino tres veces, todas ellas a lo largo de este 2019. Está claro que el francés no lo ha demostrado todavía, pero ese respaldo absoluto del máximo dirigente culé es un gran apoyo para un jugador al que la cabeza le juega más de una mala pasada. En las negociaciones de este verano por fichar a Neymar, nadie sabe qué se habló, pero Bartomeu siempre aseguró que Dembélé nunca fue parte de la oferta del club azulgrana al Paris Saint-Germain. 

Un jugador que divierte. Marcar 14 goles y repartir 9 asistencias en su segunda temporada fueron números para la esperanza para un jugador que, no lo olvidemos, solamente tiene ahora 22 años. Pero lo que más gusta de él es lo divertido que resulta verle jugar, es un futbolista capaz de levantar de sus asientos al público del Camp Nou con sus genialidades.

Muy joven aún. Dado que el problema de Dembélé parece ser más de actitud que de aptitud, el dato más esperanzador es esos 22 años que todavía tiene. A su edad, Andrés Iniesta no era titular todavía en el Barça, por poner un ejemplo. Su madurez deportiva está aún por llegar y esa es la gran baza del jugador galo a día de hoy. Solo falta saber si el Barça tendrá la paciencia suficiente y le esperara o se acabará cansando si continúan los problemas extradeportivos.

Sombras

Lesiones constantes. Nada menos que ocho lesiones ha tenido el francés desde que fichó por el Barça hace algo más de dos años. La peor, sin duda, la de su primera temporada, que le tuvo fuera casi cuatro meses. Las lesiones musculares han sido numerosas (seis) y son muchos los que lo atribuyen a que el jugador no se cuida como es debido.

No ha demostrado su precio. Pese a que no es cupa suya que por él se pagara una cantidad desorbitada, lo cierto es que Dembélé no ha demostrado ser un jugador por el que valga la pena pagar bastantes más de 100 millones. Su talento es enorme pero en demasiadas ocasiones deja la sensación de que no entiende el juego, de que es un espíritu libre que no se entiende con sus compañeros de equipo. Y sus números, sin ser malos, están lejos de ser los de una estrella.

Numerosas indisciplinas. Han sido una constante desde que llegó al conjunto azulgrana en 2017 (precisamente tras declararse en rebeldía en el que entonces era su club, el Borussia Dortmund). Tras un primer año marcado por las lesiones, en el segundo fueron las numerosas indisciplinas las que marcaron su temporada. En noviembre de 2018 no avisó al club de que no iba a ir a entrenar (alegó tener gastroenteritis) y estuvo hora y media sin dar señales de vida. Unos días después, llegó solo dos minutos antes al partido entre Barça y Betis. "Tiene la costumbre de llegar tarde, conozco sus excusas", dijo de él el seleccionador francés, Didier Deschamps, cuando fue preguntado por ello. En el mismo mes, su ex casero de Dortmund le denunció por desperfectos en su antigua casa (desde basura a alimentos podridos). En diciembre, llegó dos horas tarde a un entrenamiento, e hizo lo mismo antes de la final de Copa. En agosto no acudió a unas pruebas médicas. A ello hay que sumar su absurda