La Cuba de 1959, representada por Raúl Castro, y la de hoy, encarnada por el actual presidente Miguel Díaz-Canel, se han dado cita en Santiago de Cuba en la ceremonia de conmemoración del sesenta aniversario del triunfo de la Revolución.

 
 
 

En los noventa, la caída de la URSS, sostén económico de La Habana, provocó una crisis económica desastrosa en la isla y a punto estuvo de hacer naufragar el castrismo.

La Cuba de hoy sigue en la encrucijada, con una economía incapaz de cubrir las necesidades de su población y que ya no puede contar con aliados como Venezuela, que apenas puede suministra petróleo a La Habana, y mientras ve cómo los países de la región viran hacia la derecha. Como ejemplo, este sesenta aniversario de la Revolución cubana ha coincidido con la toma de posesión en Brasil del ultraderechista Jair Bolsonaro.

Renovarse o morir, podría ser el nuevo credo. De hecho, el próximo 24 de febrero, los cubanos votarán en referéndum una nueva Constitución, que sin renunciar a sus aspiraciones comunistas, reconoce la propiedad privada y la inversión extranjera como necesaria.