Elena Salgado, ministra de Economía con Zapatero, acuñó el famoso término de los brotes verdes cuando la crisis acechaba para romper España. Ocurrió en 2009; un año que el país cerró con un retroceso del PIB del 3,6% y casi cuatro millones de parados. Diez años después, la recesión suena a pesadilla del pasado, a historia negra y lejana sin visos de repetirse en el presente. 

Finales de 2018, último Consejo de Ministros: el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, habló de que estamos en la «buena senda», cuando todos los expertos alertan de que la fase de expansión ha revertido su tendencia.

En 2015 España tocó techo con un alza del PIB del 3,4% y, desde entonces, la cifra no ha hecho más que ir a la baja; de hecho, 2017 fue el último año con crecimiento superior al 3%. Para el año anterior y el que está en marcha, las previsiones de consenso de los principales organismos e institutos económicos sitúan la cifra en un aumento del 2,6 y 2,2 por ciento respectivamente... gracias a las reformas tomadas bajo el mandato de Mariano Rajoy, tal como reconocen el Fondo Monetario Internacional (FMI), la Comisión Europea y el Banco de España, entre otros.

Pese a todo, las expectativas del país continúan siendo más favorecedor que las de los países del entorno. La desaceleración -dicen los expertos- es una realidad, pero nada hace prever una nueva recesión a corto plazo ya que el impulso de la economía se mantiene vigoroso y los vientos de cola persisten. Así, el Banco Central Europeo (BCE) prevé que la Eurozona crecerá en 2018 un 1,9% y un 1,7% en 2019.