Los colonos se instalaron en las tierras de Mohammed Awineh en Cisjordania poco después del inicio de la guerra en Gaza para crear un puesto de avanzada o 'colonia salvaje', asentamientos ilegales incluso bajo la legislación israelí, pero que cuentan con la aquiescencia del Gobierno
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El doctor Mohammed Awineh se baja de su vehículo a la entrada de sus tierras en el pueblo palestino de Battir, Cisjordania.
Los colonos trabajan a destajo unos metros más abajo abriendo caminos con sus grúas y excavadoras entre las históricas terrazas de cultivo que dieron a Battir la categoría de Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO. Apenas han pasado tres minutos y tres de los colonos empiezan a subir hacia Awineh. “¡Corre! ¡Corre!”. El doctor entra en el coche de un salto y huye de los ocupantes. “Desde el 7 de octubre se ha vuelto muy peligroso cualquier enfrentamiento con los colonos. Pueden ir armados”, dice.
Sabe lo que dice. Se ha enfrentado a ellos en varias ocasiones, ha sido agredido y ha conseguido expulsarlos de sus tierras hasta tres veces —antes de la guerra del 7 de octubre de 2023—. Ahora, sin embargo, los palestinos temen más a unos colonos desatados que a los propios soldados de la ocupación israelí. Awineh cree que el cuarto intento de robarle sus tierras será el definitivo. “Esta vez creo que se quedarán”, dice resignado tras aparcar su vehículo a un lado de la carretera y habiendo dejado atrás sus tierras.

Los colonos que han tomado la parcela de Awineh pertenecen a los conocidos como puestos de avanzada o colonias salvajes, comunidades construidas en territorio palestino y consideradas ilegales incluso bajo la legislación israelí —a diferencia de los ‘asentamientos oficiales’ que Israel considera legales pese a que incumplen el derecho internacional—. Este tipo de puestos de avanzada, mucho más ideológicos y radicalizados, han crecido en un 50% desde el inicio de la guerra, según un informe de Peace Now y Kerem Navot compartido en exclusiva con CNN. Las organizaciones que monitorean la actividad de los asentamientos calculan que este tipo de puestos de avanzada ocupan actualmente el 14% de toda Cisjordania.
La primera vez que entraron en su parcela, en 2019, el doctor y sus vecinos acudieron a la comisaría, pusieron una denuncia, “pero [las autoridades de Israel] no hicieron nada”. “Cuando vieron que los jóvenes del pueblo rodearon la zona y estallaría un conflicto, los soldados pidieron a los colonos que se fueran”, cuenta. La segunda vez, un año después, fue más difícil, pero también lo consiguieron, recuerda el doctor.
El tercer intento ocurrió en el invierno de 2021. Awineh se presentó por la noche en sus tierras acompañado de unos 150 vecinos de Battir. Rodearon la zona y encendieron hogueras y antorchas. “Tras dos horas, la líder del ejército israelí en la zona de Belén vino y habló con nosotros. Yo le dije que la única forma de calmar la situación era que se fueran. Ella intentó decirnos que se irían mañana o pasado, pero yo le dije que no, que se tenían que ir ahora y si no se iban, la situación empeoraría”. La militar israelí le preguntó directamente si podría pedir a sus vecinos que se fueran a casa, a lo que Awineh le dijo que no. “Tras dos horas de negociaciones vinieron los líderes colonos y empezaron a gritarse con ella. A las tres de la mañana se fueron”.
La historia de la unidad vecinal contra la ocupación israelí rememora la leyenda de Hasan Mustafa, conocida en todos los pueblos de la zona. En 1948, la mayor parte de los ciudadanos de Battir habían abandonado el pueblo huyendo de la guerra y Hasan Mustafa ideó una estrategia para evitar la ocupación por parte de los israelíes. Cuentan los vecinos que cada noche él y su equipo encendían las luces de las casas y por la mañana sacaban el ganado para que pareciese que nadie se había ido y que no habían abandonado el pueblo. Awineh y sus vecinos tampoco iban a renunciar tan fácilmente a esas tierras.
Anatomía de un roboEn noviembre de 2023, unas semanas después del inicio de la guerra en Gaza, un grupo de colonos ocupó de nuevo las tierras de Awineh pastoreando unas 20 ovejas. Cuando se quejó a los soldados israelíes, estos solo le dijeron que se fuera. “Al día siguiente ya habían traído una caravana. A los tres días, una pequeña construcción para las ovejas y en una semana, un depósito para el alimento. Después ya trajeron un bulldozer para abrir una carretera y un generador para tener energía”, cuenta.
Lo ocurrido en Battir con Awineh cumple el manual de operaciones de otros puestos de avanzada de Israel: los colonos llegan como pastores para ocupar las tierras y acaban construyendo comunidades enteras. Del total de tierras tomadas desde la década de los 90 con esta estrategia, el 70% se ha ejecutado solo en los últimos dos años y medio, según el informe.
Aunque en muchas ocasiones reciben órdenes de demolición por parte de Israel, estas no se ejecutan e incluso forman parte de una política nacional de Estado. “Si bien los puestos de avanzada son ilegales incluso según la legislación israelí, hay una pauta constante de participación, asistencia y financiación por parte de las autoridades israelíes para la construcción de puestos de avanzada, así como para su funcionamiento y su ‘regularización’ retroactiva”, denunciaba un informe de septiembre de 2024 del Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos.

“Hace dos años, el Gobierno me dijo que esta tierra estaba confiscada porque no le había dado uso en los últimos 14 años”, dice Awineh. “Es mentira y con mis abogados les mostré los documentos que acreditan la propiedad de estas tierras desde tiempos otomanos”. Israel se basa precisamente en una ley de 1858 del Imperio Otomano para incautar tierras palestinas y declararlas propiedad del Estado. Awineh ha recurrido la decisión a los tribunales israelíes para que decidan el estatus de su parcela. “Confiar en esos tribunales es la única vía que me queda”, dice mientras se encoge de hombros y esboza una sonrisa de desesperación. “¿Qué puedo hacer? Han hecho lo mismo con toda Palestina”.
Battir, el pueblo de Awineh, está en un lugar estratégico de Cisjordania y la presencia israelí es clave para unir los asentamientos de los alrededores de Jerusalén y para aislar toda la región de Belén. Peace Now señala que los puestos de avanzada en Battir forman parte de “un intento para crear un corredor de presencia israelí entre Belén y los pueblos palestinos al oeste de la ciudad y debilitar así la continuidad territorial de un futuro Estado palestino”.
“Ni siquiera han esperado a la decisión del tribunal y están cambiándolo todo”, denuncia el doctor. “Han utilizado la guerra para esto… Tienen el apoyo político [del ministro de Finanzas israelí] Smotrich, [el ministro de Seguridad Nacional] Ben-Gvir les da armas, el Gobierno les da el dinero y Trump el apoyo internacional ¿Qué puedo hacer yo?”, se pregunta con los brazos extendidos y las palmas de las manos mirando al cielo.
Peace Now ha revelado el proceso habitual de creación de este tipo de ‘colonias salvajes’ no autorizadas. En una primera instancia, en lugar de una decisión del Gobierno, los consejos regionales de colonos y organizaciones sionistas como Amana planean y establecen los puestos de avanzada. Posteriormente, la División de Asentamientos de la Organización Sionista Mundial, a la que Israel concede la gestión de algunos territorios declarados estatales, suministra documentos de derechos sobre esas tierras. A continuación comienza el proceso de construcción sin autorización oficial, aunque en ocasiones las entidades involucradas reciben financiación estatal. En lugar de pagar al Estado por tierras que teóricamente son públicas, organizaciones como Amana reciben las tierras gratis de parte de la Organización Sionista Mundial y las vende a colonos obteniendo beneficios económicos. Por último, cuando los tribunales emiten órdenes de demolición, las autoridades de Israel no solo ignoran el fallo, sino que en ocasiones legalizan esas comunidades de manera retroactiva.
A menudo, los colonos de los puestos de avanzada son los más violentos. Las ONG de derechos humanos que trabajan en el terreno han documentado la cooperación entre los soldados de Israel y los colonos. “La violencia colonial contra los palestinos es parte de la estrategia empleada por el régimen de apartheid de Israel. El Estado apoya y asiste a los colonos en estos actos de violencia y en ocasiones sus agentes participan en ellos directamente. Es una forma de política gubernamental”, denuncia la ONG israelí B’Tselem. El mes pasado, la Oficina de Derechos Humanos de la ONU advirtió de “la creciente participación de las fuerzas israelíes en los incidentes violentos de los colonos”.
La semana pasada, por ejemplo, colonos israelíes de puestos de avanzada atacaron a Hamdan Ballal, codirector del documental sobre palestina que ganó el Oscar. Posteriormente, los soldados israelíes lo detuvieron y pasó una noche detenido hasta ser liberado sin cargos. Los ataques de los colonos se han disparado en los últimos meses. La base de datos de la organización Armed Conflict Location and Event Data registró en 2022 un total de 984 ataques de colonos israelíes contra palestinos en Cisjordania. En 2023 aumentaron a 1.299 y en 2024, 1.307.
Mientras tanto, el Gobierno sigue avanzando en la construcción de nuevos asentamientos oficiales en territorio palestino (también ilegales según el derecho internacional). Las autoridades israelíes han aprobado en los últimos tres meses más planes de construcción (10.503 viviendas) que en todo 2024 (9.971). Desde que Trump ganó las elecciones, el organismo encargado de estas aprobaciones pasó de reuniones trimestrales a semanales en las que se aprueban centenares de viviendas a la vez, denuncia Peace Now.