Las diferencias de acción ante Ucrania y Palestina desactivan el argumento que apela a los valores europeos, con los que ahora Bruselas pretende justificar un rearme excepcional mientras sigue ignorando las masacres en Gaza
Hacia un 'Schengen militar': por qué la UE quiere libertad de movimiento de soldados y armas dentro del bloque
La Unión Europea agita un plan de rearme sin precedentes mientras calla ante los crímenes que el Ejército israelí comete en Gaza diariamente. Esta semana Israel ha bombardeado en Gaza un centro de salud de la ONU, una escuela en la que se refugiaban familias y varios campos de refugiados, ha impulsado otro desplazamiento forzado y ha anunciado su intención de anexionarse “amplias zonas”.
Este sábado se daba a conocer un vídeo grabado por uno de los quince trabajadores humanitarios asesinados por fuerzas israelíes hace unos días. En él se ve cómo sus ambulancias estaban identificadas y llevaban las luces encendidas y, tras ello, se oyen los disparos contra ellas.
Naciones Unidas ha indicado que, desde el inicio de esta nueva ofensiva a prinicipios de marzo, Israel ha matado o herido a una media de cien niños al día en la Franja. Ni la presidenta de la Comisión Europea ni la Alta Representante para Asuntos Exteriores de la UE han dedicado una sola palabra a condenar estos crímenes.
La ONU señala que, desde principios de marzo, Israel ha matado o herido a una media de cien niños al día en Gaza
Desde hace ya un tiempo, Benjamin Netayanhu tiene en la extrema derecha europea uno de sus máximos aliados en el mundo. El jueves, el mandatario israelí fue recibido en Budapest, por el primer ministro de Hungría, Víktor Orbán, sin que apenas haya habido reacción de Bruselas, y este lunes Netanyahu será recibido en la Casa Blanca por Donald Trump.
Sobre el primer ministro de Israel pesa una orden de arresto de la Corte Penal Internacional por crímenes de guerra y de lesa humanidad en Gaza, pero Estados Unidos desprecia el mandato del tribunal de La Haya, y la UE no ha considerado oportuno elevar la voz para exigir su cumplimiento. Este comportamiento contrasta con la presión europea ejercida en 2023, cuando Sudáfrica -que no es un país de la UE- iba a acoger al primer ministro ruso, Vladimir Putin, en la Cumbre de los BRICS. Al igual que Netanyahu, Putin es objeto de una orden de detención por la Corte Penal Internacional, acusado por crímenes de guerra.
En ese momento, la Unión Europea recordó al Gobierno sudafricano que, como integrante del tribunal de La Haya, tenía la obligación de arrestar a Putin si se presentaba en su país, y que su condición de mandatario no le otorgaba inmunidad. Además, diplomáticos europeos insinuaron entonces que el acceso de Sudáfrica a los mercados europeos y a la inversión extranjera podría verse afectado si incumplía sus obligaciones con la Corte Internacional. Finalmente, Putin no asistió a la cumbre “por mutuo acuerdo” y, en su lugar, envió a su ministro de Exteriores.
Europa fue contundente con la orden de arresto a Putin, pero suaviza el alcance de la orden internacional contra Netanyahu
Sin embargo, ante la visita de Netanyahu a Hungría, país de la Unión Europea, Bruselas ha prescindido de exigencias públicas. De hecho, solo unos días antes, la Alta Representante de Política Exterior de la UE, Kaja Kallas, recalcó que la UE e Israel son “grandes socios”.
Europa fue clara con el mandato de arresto a Putin, pero suaviza el alcance de la orden internacional contra Netanyahu. De hecho, varios países europeos han contribuido a cuestionarla. Francia emitió un comunicado defendiendo una presunta inmunidad -que no es tal- del mandatario israelí, el Gobierno alemán saliente afirmó que le costaba trabajo imaginarse arrestando a Netanyahu, Países Bajos, Polonia, Austria o Italia se han expresado en el mismo sentido, y el nuevo canciller de Alemania ha dicho que le invitará a su país.

El doble rasero europeo sigue desplegándose cada semana. Ante la invasión rusa de territorio ucraniano, Bruselas ha enviado armamento de forma continuada, ha defendido la vía de la guerra frente a la potencia invasora, ha acogido a más de cinco millones de refugiados ucranianos, ha condenado con contundencia los crímenes rusos, impuso sanciones, bloqueó activos y ahora exige un gasto militar de 800.000 millones de euros. Algunos países, además proponen el envío de tropas europeas a Ucrania.
Ante la ocupación ilegal israelí, la situación es la inversa. A pesar de las masacres de civiles y del sistema de apartheid, la UE ha enviado material militar a la potencia ocupante durante años, mantiene estrechas relaciones comerciales y diplomáticas con ella, adjudica contratos a empresas armamentísticas israelíes y permite el tránsito de armas hacia Tel Aviv. Todo ello, mientras el Ejército israelí mata a cientos de civiles cada semana.
Gaza comparte las aguas del Mediterráneo con varias naciones europeas, pero Bruselas se limita a pedir un alto el fuego, ha decidido mantener su Acuerdo de Asociación con Israel -pese a que su artículo dos exige a las partes respeto a los derechos humanos- y no ha impulsado sanciones ni iniciativas internacionales para presionar al Gobierno de Netanyahu. Durante los primeros meses de matanzas, ni siquiera pidió un alto el fuego inmediato, algo que lamentaron organizaciones internacionales de derechos humanos, como Amnistía Internacional o Human Rights Watch.
La posición de Bruselas ante Israel ha contribuido a consolidar un marco de impunidad global, en el que gana terreno la vía de las armas
En el último año y medio Israel ha bombardeado Siria, Líbano, Gaza, Cisjordania, Irak y Yemen. Ha extendido su ocupación ilegal en territorio sirio y estas semanas sigue lanzando ataques contra áreas de Siria, Líbano y Palestina, en las que ha matado a población civil, mientras su socio estadounidense bombardea Yemen. Esto tampoco ha merecido acción política o jurídica por parte de Europa.
A principios de marzo, Israel retomó el bloqueo a la entrada de ayuda humanitaria en la Franja. Ante ello, la UE no condenó el bloqueo, ni el uso del hambre como arma de guerra. Se limitó a señalar que la medida “podría tener, potencialmente, consecuencias humanitarias”. El bloqueo continúa: faltan alimentos, agua potable y medicamentos.
A día de hoy ninguna nación de Europa ha impulsado la suspensión temporal de Israel como integrante de la Asamblea General de la ONU, como se hizo con la Sudáfrica del apartheid, ni está proponiendo alianzas globales que puedan reforzar la defensa de la ley internacional. Los organismos europeos tampoco han planteado revisar la membresía del Estado israelí en la Unión de Asociaciones de Fútbol Europeo (UEFA) o en Eurovisión, entidad de la que Rusia sí fue expulsada en 2022.
El derecho internacional está hoy más debilitado que ayer y la construcción para reforzar la acción política sigue relegada
La impunidad israelí se extiende por el mundo y lo impregna todo. Ha normalizado la deshumanización, la vía militar y la ley del más fuerte. Además, ha establecido serios recortes a la libertad de expresión y de protesta en países como EEUU, Reino Unido o Alemania, donde la defensa de los derechos palestinos es ahora perseguida, vigilada y estigmatizada, con multas, arrestos e incluso deportaciones.
Las diferencias de acción ante Ucrania y Palestina desactivan el argumento que apela a la moral y a los valores europeos, con los que ahora Bruselas pretende justificar un rearme excepcional mientras sigue ignorando las masacres en Gaza. En ambos casos, Europa renuncia a erigirse como dique de contención frente al militarismo, la impunidad y el negocio de la guerra. La construcción para reforzar la acción política sigue relegada.
Todas las naciones de la UE son firmantes del Estatuto de Roma y, por tanto, integrantes de la Corte Penal de La Haya. Suelen presentarse como garantes de la misma. Por eso su papel es tan importante en este sentido. La complicidad e inacción de Bruselas ante Israel ha contribuido a consolidar un marco de impunidad global, en el que gana terreno la ley del más fuerte, es decir, la vía de las armas. El derecho internacional está hoy más debilitado que ayer, al igual que la política.
En la elección de no mirar, de no denunciar, de no actuar, hay todo un posicionamiento. Una parte del periodismo europeo también ha caído en la trampa, y se ha acostumbrado. Hay cuerpos de niños y niñas que son pulverizados por las bombas israelíes. Bruselas lo asume, sin calcular las repercusiones globales.