
Nadie cree que las movilizaciones puedan tumbar al presidente de EEUU, pero empieza a extenderse la idea de que el rechazo cada vez más amplio a sus acciones pueden tener consecuencias políticas importantes
Trump se ve cada vez más acorralado por los asesinatos de Minneapolis con la amenaza de un nuevo cierre del Gobierno
Nadie cree que las movilizaciones puedan tumbar a Donald Trump, pero empieza a extenderse la idea de que el rechazo cada vez más amplio a las acciones del presidente pueden tener consecuencias políticas importantes.
La diferencia con quienes le apoyan no es muy grande, pero todos los sondeos, incluidos los de los medios más trumpistas, dan la ventaja a quienes se oponen al magnate. También los que preguntan sobre el sentido del voto de las elecciones de medio mandato que tendrán lugar en noviembre. “Trump llegó al cargo con los cambios en la política migratoria como gran prioridad. Pero sus excesos están provocando que incluso parte de quienes están de acuerdo con esa política se estén volviendo en su contra”, dice el Financial Times.
Según esas encuestas, a día de hoy Trump y los republicanos perderían. Tan claro es ese pronóstico que varios analistas opinan que es muy posible que Trump termine manipulando los resultados para ocultar su derrota. O incluso que anule las elecciones con el pretexto de los desórdenes y apoyado por un dictamen del Tribunal Supremo, según asegura más de uno.
Es tal el grado de tensión política que se vive en Estados Unidos que no se descarta que la situación termine deteriorándose hasta el extremo de parecerse a una guerra civil. Los grandes medios de comunicación, mayoritariamente contrarios a Trump, arden un día tras otro y contagian incluso a periódicos moderados. Hasta empieza a abrirse paso en distintos ambientes la pregunta de si, si la crisis llegara al extremo de que Trump llamara al ejército para frenar las protestas, éste tendría el derecho a desobedecer esas órdenes.
Conato de rectificaciónNo parece que el conato de rectificación que Trump ha emprendido en Minnesota —centro de la protesta que empieza a extenderse a otras capitales— vaya a calmar las cosas. Ha retirado del operativo de Minneapolis a Gregory Bovino, designado como “comandante general” de la Patrulla Fronteriza y ha separado del servicio a los dos de sus miembros que mataron a otros tantos ciudadanos la ciudad estadounidense y a los que el propio Trump había alabado pocos días antes. Pero eso no ha impedido que se convoquen más manifestaciones en su contra. Y encima el dólar y las bolsas siguen cayendo porque los inversores temen que la desestabilización política se contagie a la economía.
Trump ya rectificó la semana pasada en el plano internacional desdiciéndose de su anuncio de que iba a subir un 10% los aranceles a los países que habían mandado tropas a Groenlandia y asegurando que renunciaba, al menos por ahora, a la vía militar para hacerse con la isla ártica.
Pero eso no ha modificado la actitud cada vez más crítica hacia Estados Unidos por parte de la mayoría de los socios de la OTAN, europeos y Canadá, que, además, está siendo cada vez más claramente acompañada por un creciente acercamiento a China, el gran antagonista internacional de Trump. “China es el gran vencedor de la contienda”, asegura el influyente boletín American Prospect.
La actitud cada vez más crítica hacia Estados Unidos por parte de la mayoría de los socios de la OTAN, europeos y Canadá está siendo cada vez más claramente acompañada por un creciente acercamiento a China
Un largo artículo de los profesores Goddard y Newman en el New York Times califica la política exterior de Trump de “neomonárquica”. Es decir, más interesada en obtener, de sus acciones internacionales, beneficios personales para el líder y su séquito que para el país. “El establishment de la política exterior estadounidense” —dicen los articulistas— ha pasado de ser un conjunto de burocracias formales a ser una familia real, como los Tudor o los Habsburgo.
La camarilla también incluye a sus familiares y a personas que donaron a su campaña de 2024, como Elon Musk y Paul Singer. Las negociaciones de paz en Ucrania siguen lideradas por el magnate inmobiliario Steve Witkoff, colega de Trump, y su yerno, Jared Kushner. “Trump tomó el petróleo a punta de pistola y se lo dio a uno de sus mayores donantes de campaña. La política comercial de Trump sigue un guion similar”, añade el artículo.
Irán y la crisis de la viviendaPor su parte, el diario italiano La Repubblica, citando fuentes norteamericanas, asegura que, a pesar del despliegue naval en el Mediterráneo, no se va a producir un ataque contra Irán. “Trump sólo atacaría si existiera la posibilidad real de asestar un golpe definitivo al régimen de los ayatolás o eliminar a su líder supremo. Ambas cosas hoy parecen muy lejos de la realidad, por lo que el presidente prefiere negociar con Irán una reformulación de su política nuclear”.
Y, por último, la vivienda. No la española, sino la europea. Un encendido artículo de Le Monde asegura que el aumento de los precios de las casas en buena parte de los países de nuestro continente es “una bomba de efecto retardado contra nuestra democracia”. Según el diario, desde 2010 el precio de venta de las viviendas en la media de los 27 miembros de la UE ha crecido un 55,4% y el del alquiler, un 26,7%. “En Bulgaria, Irlanda, Polonia, Portugal y España el alquiler de un piso de dos habitaciones absorbe más el 20% del salario de un joven adulto”, avisa.







