En 2009, en Corea del Sur, se instalaron las primeras y polémicas baby boxes, unas cestas donde las mujeres podían abandonar a sus hijos de forma legal. Compartimentos para un bebé con temperatura regulada que activan una alarma para que el equipo detrás recoja al recién nacido. Un sistema con el que desde el país asiático intentaron evitar el elevado número de niños abandonados en las calles. Actualmente, la media es de 300 bebés al año entregados en uno de los tres centros.