En 2020, en el pueblo de Rimetea en Transilvania, un suceso sacudió Rumanía y fue portada en todos los periódicos. Los miembros más antiguos de la comunidad protestaron porque una panadería local quería contratar a trabajadores extranjeros. Hasta se realizó una asamblea para expulsarles del pueblo. En una aldea rumana se concentró todo el racismo actual y el auge de la extrema derecha. Aquella pequeña localidad se convirtió en un ejemplo perfecto de un virus que se extendía por el resto de Europa, el de la xenofobia y los delitos de odio.