En 1978, Italia se preparaba para un acontecimiento inédito. La Democracia Cristiana, con Aldo Moro a la cabeza como presidente del partido, había logrado un acuerdo histórico con el Partido Comunista en lo que se llamó el Compromesso Storico. Esa conjunción pretendía afrontar una crisis económica que afectaba a todo el país y que había provocado un descontento social que ya llegaba a las calles, donde se sucedían manifestaciones y protestas. Moro y Enrico Belinguer, líder de los comunistas, consiguieron las bases para un Gobierno que llamaron “de solidaridad nacional”.