"No querían darnos artillería pesada, y nos la dieron. No querían darnos Himars [sistema lanzamisiles], y nos los dieron. No querían darnos tanques, y ahora nos los están dando. Aparte de las armas nucleares, no hay nada que no vayamos a conseguir”, decía en enero Yuriy Sak, asesor del ministro de Defensa ucraniano, inmediatamente después de que los socios europeos aceptasen el envío de carros de combate. “Si conseguimos los aviones de combate, las ventajas en el campo de batalla serán inmensas".
Tenía razón. Menos de cuatro meses después y tras un año de resistencia, EEUU cambiaba de posición.
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