
Han tenido que pasar 37 años para que la familia Bonilla Realegeño pudiera enterrar a los suyos, más de tres décadas de ausencia desde que seis de sus seres queridos fueran ejecutados por el Ejército de El Salvador durante la masacre de El Calabozo. Hoy, por fin, pudieron darles sepultura.
Para María Berta Bonilla Realegeño, de 63 años, este acto es triste pero se combina con una extraña alegría.
"Yo y toda mi familia se siente feliz porque le estamos dando sepultura a nuestros padres y hermanos (...). Son momentos duros pero aquí estamos", expresó a Efe María Berta, quien recordó que el año en el que fue cometida la masacre ella apenas tenía 26 años.
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